Flujo

“El carbón en negro, pero alumbra” Mario cabrera.


Al principio todo era oscuridad. Estaba preso, inmóvil, con miedo. No sabía que era, por que estaba ahí, ni que podía hacer para salir.
La espera se le hacía eterna. No se veían salidas… Algunas veces sentía que todo a su alrededor se movía y algunas veces oía ruidos. Algunas veces le gustaba, algunas veces era horrible, le dolía, se agitaba.

No sabía cuanto tiempo llevaba ahí ¿sabía que era el tempo? ¿Porqué tenía que ser consciente de su opresión?

Un día los movimientos comenzaron a ser mas fuertes, mas violentos y seguidos. El ruido, también, era mas fuerte. Algunas cosas que pasaron con el movimiento y el ruido fueron dulces, le gustaron, otras definitivamente no.

Los ruidos y movimientos seguían en aumento… Hasta que en un momento… ¡¡Quedo enceguecido!! poco a poco se fue acostumbrando a ese brillo, poco a poco fue viendo todo lo que tenía a su alrededor.

Estaba embutido en la piedra, y no sabía lo que era, pero ya no había oscuridad. Aun estaba inmóvil, y todo se movía menos él, ¡¡Pero veía!!

En un momento sintió un dolor terrible, y cayó. Vio hacía arriba y comprendía que siempre fue parte de la roca. Carbón lo llamaron.

Se sintió solo. Tenía Compañeros, pero no podían hablar, ni moverse, solo dejar que la vida pasara.

Lo envolvieron, encerraron y mandaron de viaje. Nuevamente no sabía que pasaba… ¿Para que sacarlo si luego lo iban a encerrar de nuevo? Volvió a estar en la oscuridad y la paralización.

En un momento se sintió movido, nuevamente. Ya no le gustaba. No sabía por que tenía que pasar por todo eso.

Lo sacaron a la luz y sintió calor, mucho calor, como no había sentido nunca. Y escuchó voces. Voces en formas que jamas había escuchado… Si hubiese podido moverse habría temblado completo por la emoción. Parecían voces de alegría, voces que hablan y cantabas de tiempos de oscuridad y de como habían sido parte de la roca, voces que cantaban y gritaban de felicidad, voces que lo llamaban. Pero él sabía que eso era imposible.

En un momento sintió un gran salto que lo empujaba a un cuarto de luz y calor.

¡¡Que emoción!! en esa caldera, que no tenía idea lo que era fue feliz… podía danzar, girar, saltar, y gritar de felicidad. Podía comunicarse con sus hermanos y quererse mientras daba calor y luz. ¡¡Ellos y ellas le hablaban y eso le llenaba de felicidad y el podía responderles!! Comprendió que lo que tenía para dar era hermoso y que esa espera le servía para comprender la felicidad que sentía en ese momento. Poco a poco se fue haciendo energía mientras la felicidad lo embargaba y consumía… Aun hoy se le puede sentir en el aire por donde viaja libremente lleno de felicidad y de amor.

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