La Catita

Tenía los colores mas brillantes y el trino mas dulce, hasta el punto de endulzar y calar el corazón mas acorazado. Vivía al borde, le gustaba estar donde las demás aves no se atrevían a llegar. Era hermosa, feliz, plena.
Un día un ave de brillantes plumas, pero que jamas había alcanzado los limites que la Catita; ni jamas tendría la pureza y potencia del canto de esta ave maravillosa. Le ofreció la seguridad de un parque botánico.
Era gigante, podía volar, y le daba seguridad. El precio era permanecer ahí. A la Catita le vinieron los miedos, su futuro… El invierno nunca ha sido amable con las aves de corazón sensible. Y, quién no tiene estos miedos? El problema es que en esta ocasión ganaron.
Ya no puede alcanzar los límites de antes. Su voz es solo un murmullo que se escucha por entre el concreto y los gruesos vidrios. Es una tranquila jaula la que eligió, pero una jaula al fin. Ella, que no era un ave para ninguna prisión, eligió la seguridad… Su voz se irá opacando, la luz ya no le llegará directa, excepto por la artificial, y su vuelo se irá haciendo mas cansino.
Ella puede salir cuando quieta, ella lo sabe. Yo espero que no llegue el momento en que no quiera salir.
Yo aun la espero…

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